viernes, 29 de octubre de 2010

Cuento Corto: El Niño que quiso ser el Rey del Mundo, por Javier Maldonado Quiroga

Estaba solo.

Los cabellos del niño caían desordenados sobre su frente, oscuros como los abismos infinitos del tiempo, que, implacable, traía consigo una promesa de desgracia.
Sus pequeños ojos, negros y curiosos, recorrieron el inmenso y arcaico bosque, ensimismados ante su belleza y encanto. Había en él una mezcla de fascinación y temor.
Avanzó unos pasos, indeciso. Respiró hondo. El aire era fresco. Lo dejó inundar sus pulmones cual río desbordado que baña la tierra, dotándola de vida. Sonrió.
Una suave brisa acarició su rostro, como si una delicada y etérea mano rozara su mejilla. Aquel debía ser el lugar, pensó. 

Caminó decidido entre los altivos arboles que parecían observarlo, desconfiados. Sus pequeños pies pisaban con dureza la hierba, empapada de rocío. Observó a su alrededor.

“¿Dónde están?” pensó “¿Dónde se esconden la hadas?” Una mueca de impaciencia se dibujó en su cara. Debía ser aquel bosque, grande y majestuoso, cual titán, que, caído en un sueño eterno, descansa silencioso esperando su oportunidad para tomar el mundo.

“¿Qué buscas en estos bosques?” Pareció murmurar el viento.


—¡He venido a pedir un deseo! —dijo el niño a viva voz. 

Como respondiendo a su llamado, una muchacha emergió de entre los arboles. Grácilmente se acercó al pequeño que, temeroso, retrocedió unos pasos. Ella, hermosa como una  flor que, en primavera, se abre por primera vez a los rayos del sol, sonrió dulcemente. Sus cabellos, oscuros como el azabache, se agitaron suavemente con la brisa. Olía a flores, y a bosque, y a tierra. 

—Mi nombre es Eolande —dijo—.Un niño tan pequeño no debería caminar solo en un bosque tan vasto —su voz era ligera, como gotas de rocío. 

—¡He venido a pedir un deseo! —repitió el niño con fuerzas. Ya no tenía miedo.

—¿Y cuál es ese deseo? —preguntó el hada.

—Quiero ser el rey del mundo.

— Los niños no desean tales cosas —replicó ella con ternura.

—¡Es mi deseo! —contestó el niño secamente. Su voz sonó dura y rotunda, y sus ojos parecieron teñirse de una ambición lejana, que parecía albergar en su alma desde mil vidas atrás.

Eolande ya no sonrió. Una profunda tristeza invadió su ser, como si la agonía de millones de almas se convirtiera en una sola. Una lágrima se deslizó, como el preámbulo de un lamento que sería del mundo entero.
A lo lejos la voz de una mujer llamó. El niño miró hacia atrás, sorprendido. Debía terminar luego. Se volvió, decidido, pero el hada ya no estaba. Solo quedaba el suave aroma del bosque.
Los pequeños ojos negros se tiñeron de ira.

—¡Adolf! —gritó la voz más cerca ahora. 

De entre los arboles emergió el niño, con los oscuros cabellos cayendo desordenados sobre su frente pálida.

—¡Acá estas! ¿Dónde andabas metido? —Lo regañó la mujer— El paseo ya ha terminado, es hora de que volvamos a casa.

Sin decir una palabra Adolf la acompañó. Había tenido su oportunidad y la había desaprovechado. No importaba. Ya llegaría el momento y la oportunidad para tomar lo que le pertenecía por derecho. Era su destino. Lo había leído en sus sueños. Estaba en este mundo para cambiarlo por completo. Nadie, jamás, olvidaría su nombre.
Una mueca, similar a una sonrisa, se dibujó en sus labios.
Arriba, en el celeste cielo de Austria, el sol se comenzaba a esconder. Pronto llegaría la oscuridad.

9 comments:

  1. :o ¡¡ME ENCANTÓ!! Jamás había leído un cuento que trabajara el aspecto más esotérico de Hitler, y me pareció notable la forma en la que tú lo hiciste, ligando el mundo de la infancia con el de las hadas. Estos mundos de por sí parecen tener una conexión inherente, pero por lo general, en la literatura ésta se presenta en su lado más luminoso. En tu cuento, sin embargo, queda clara la naturaleza sombría del deseo de este pequeño Adolf, retratado a mi juicio de una manera descollante. Incluso el lirismo de la prosa contribuye a delinear estos mundos y su encuentro, así que en verdad no sabría qué aspecto podría pulirse más. A mí me gustó mucho :) Sigue así.

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  2. Buena excelente que manera de verlo... eso explicaría sus tendencias esotéricas ejejejejje digo de continuarse
    como una saga epica las aventuras de adolf
    un cuento que pasa de un niño tierno al monstruo que fue ejejj xD en fin vale por el aporte saludos

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  3. Éste ya lo había leído en Dragon de Tinta; buenísimimo.

    A. Hitler: ¡Quiero pedir un deseo, AHORA!
    Hada: No puedes, son las 8 de la mañana.
    A. Hitler: ¿¡Dónde está el rango horario po' hue*na!?
    (Léase la voz de Hitler tanto como cuando vociferaba sus discursos como el tipo del McD's).

    xD

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  4. Gracias, Paula. Me alegra que te haya gustado este cuento. La primera versión es un poco diferente. Lo corregí para compartirlo el Fantasía Austral. Y sí, me esforce porque se notara que hablaba de Hitler. Que se reflejara parte de lo que fue.
    Gonzalo, tengo pensado (algún día) escribir más cuentos sobre esta etapa de H. Aún lo estoy desarrollando en mi mente :D

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  5. Hola, realmente es un buen cuento. ¡Y cómo se rompe toda la magia creada con tanto esmero! La moraleja me ha gustado, «Los niños no desean tales cosas», y el final, el giro sorprendente también.
    Saludos.
    PD: la descripción tenue y lenta del bosque es otro gran acierto del relato.

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  6. "tengo pensado (algún día) escribir más cuentos sobre esta etapa de H. Aún lo estoy desarrollando en mi mente :D"

    Eso seria genial:), es un muy buen cuento, tambien lo habia leido antes en tu otro blog.

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  7. muy bueno, seria genial si pudiéramos ver no solo a Hitler sino también a sus rivales, es decir imagino a un Churchill caminando por los bosques ingleses al lado de un anciano de largas barbas y gorro en punta...:)
    me gusto el relato, la ambición de ese niño podía sentirse. y como trastoco su temor en sed de poder ordenando sin mas a un ser sobrenatural. es clara prefiguracion de sus acciones posteriores.

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  8. Buen relato.
    Es un aspecto novedosos (por lo menos parea mí), el que utilizas para tomar a este controvertido personaje.
    La faceta esotérica del nazismo no es nada que no se haya utilizado en ficción, pero este episodio de la infancia de Hitler me parece que insinúa mucho.
    " sus ojos parecieron teñirse de una ambición lejana, que parecía albergar en su alma desde mil vidas atrás.
    "
    Este fragmento puede tomarse como teoría del origen de las precoces ambiciones.
    Tal vez hubiera dejado para el final la revelación de la identidad del niño, pero creo que al plantearlo desde el título, ayuda a fijarse en la frialdad del pequeño.

    Dedos arriba

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  9. Mmm... me parece muy polarizado, es casi como si dijeran "Hitler nacio siendo malo" es que meterse con los nazis ya esta muy, pero muy gastado

    Me gustaria saber de donde han sacado la imagen, esta genial

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