Lo que leeran a continuación es un fragmento exclusivo de la novela en la cual aún me encuentro trabajando: El Camino de Atsu. Ya son más de dos años de continua revisión y reescritura. No sabría definirla dentro de un genero en particular, más allá de literatura fantástica. En ella encontrarán influencias de la fantasía épica más clásica, del género wuxia (guerreros de artes marciales chinas), del animé de época (como Rurouni Kenshin), etc. Es, en definitiva, la historia que en algún momento me hubiera gustado leer. Y trabajo arduamente para que sea digna del esfuerzo que he puesto en ella. Ahora los dejo con parte del Cap. III: Kitsune. Espero sus comentarios!
Atsu miró a su alrededor, inquieto. Apresuró el paso. Un viento suave hacía bailar sus cabellos. Las copas de las arboles se movían, perezosas, al compas de una melodía imperceptible para oídos humanos.
Se sentía observado, como si alguien lo espiara desde algún punto oculto del bosque. No era la primera vez que transitaba solo por aquel sendero, es más, lo hacía desde que su maestro le había delegado la responsabilidad de llevar toda la pesca hasta la aldea al pie de la montaña, donde la intercambiaba por alimentos y otras mercaderías. Sin embargo, nunca antes había experimentado aquel desasosiego.
Continuó su camino. Sonrió al pensar lo que opinaría Oko si se enterará de su temor. Había crecido en aquella región, cubierta por un boscaje tan espeso que eran pocos quienes se atrevían a penetrar en tales dominios. Solo los Yamabushi habían tenido el valor de hacerlo. Y los Aucanos, más al norte, aunque de ellos Atsu sabía muy poco.
Hubo transcurrido cerca de una hora, cuando el joven volvió a experimentar la misma sensación. Se detuvo.
Dejó caer el canasto y empuñó su bastón con fuerzas.
— ¿Quién más ronda por estos bosques? —se preguntó a media voz. De improviso el viento había cesado por completo. Todo era silencio, como si cada criatura viviente se hubiera escondido, temerosa.
Un aroma extraño inundó el ambiente. Los arboles parecían inclinarse levemente ante algo o alguien. La quietud era tal, que a Atsu le dio la impresión de encontrarse al interior de un sueño, o de un dibujo del bosque, donde él solo era un trazo más en la mente de algún retratista.
— Yamabushi —. Dijo alguien, súbitamente, a su espalda. Atsu se volteó con la velocidad del rayo, asombrado de no haber percibido acercarse a nadie. El corazón latía desaforadamente en su pecho.
Se quedó inmóvil, incapaz de decir o hacer algo. Frente a él se encontraba una criatura singular, sin duda. No era humana, eso era indiscutible, aunque le recordaba levemente a un niño de unos doce años. Su piel era de un color gris o verdoso. Los ojos como dos abismos, inmensos y completamente negros. El cabello era oscuro, al igual que las espesas cejas que enmarcaban sus rasgos. Las orejas largas y puntiagudas. Llevaba una vara de madera amarrada a su espalda, y una especie de sable, de un material similar al hueso, colgaba de su cinto. Y lo más curioso, una cola voluminosa, como de zorro, destacaba tras sus piernas.
— Mis saludos —agregó haciendo una pronunciada reverencia—. Espero no haber importunado vuestra caminata, joven Yamabushi.
— Atsu —dijo el muchacho, aún en un estado de total desconcierto pues nunca se había topado con nadie en aquellas tierras, menos con alguien de esas características—. Mi nombre es Atsu.
— Es un honor, Atsu.
— ¿Cuál es tu nombre?
—Vuestra gente me llama Kitsune, aunque hace ya muchos años que no interactúo con los hombres —. Se expresaba de una manera arcaica y cortes. Su voz, a pesar de su aparente juventud, era profunda y llena de autoridad.
Una serie de preguntas se vinieron a la cabeza de Atsu. Finalmente optó por la menos compleja.
— ¿Eres tu quien me seguía, oculto entre los arboles?
— Se podría decir que si, aunque no he sido el único. Vosotros, los hombres no soléis estar demasiado atentos a lo que os rodea. Mi gente los ha vigilado a ti y a vuestro maestro desde hace mucho tiempo.
— ¿Quiénes son ustedes?
— Curioso. Siempre la misma pregunta. Yo podría preguntaros lo mismo, y probablemente no sabríais responder. Somos quienes debemos de ser. Nacimos junto a estos árboles. Somos parte de ellos. Los que estuvieron antes que tú nos llamaron, Kajin, espíritus del bosque. Aunque espíritus es una palabra poco precisa. Somos tan reales como vosotros, solo que…diferentes.
Atsu recordó. Oko le había hablado de los Kajin, los elementales de la naturaleza. Habitaban en lo más profundo de bosques y montañas. Las historias contaban que hacía muchos años habían trabado amistad con los primeros Yamabushi, quienes los invocaban cuando necesitaban alguna ayuda. Pero todo aquello sucedió en un tiempo distante. Para un joven como Atsu no habían sido, hasta aquel preciso momento, más que historias. Bellas y llenas de magia, pero historias al fin.
Y acá estaba Kitsune frente a él. La mirada era apacible y benévola, mas había nostalgia en sus rasgos. Y una sabiduría que el joven Yamabushi apenas alcanzaba a intuir.

¡Grande Kensan! xD
ResponderSuprimirEl esfuerzo realmente ha valido la pena. Tiene lo justo y necesario: descripciones evocativas, diálogos acertivos, personajes carismáticos y misteriosos y... etc.
Cuando leí la parte de "Cap. III: Kitsune", inmediatamente se me vino a la mente la imagen de una chica de manga/anime con orejas y cola de zorro. Lo otro, probablemente ya lo sepas, pero en la mitología japonesa, el kitsune tiene un determinado número de colas dependiendo de la edad, siendo el nueve colas aquel que alcanzó los mil años.
Saludos
O.O QUEDE impresionado te compro el libro xD se nota la influencia del anime.. me recordó un poco a inuyasha creo que no sólo ocupaste a Samurai X en tú novela ejejejjeje muy buena me gusto demasiado leerla ejejejej en fin esp saludos samurai errante que estes bien
ResponderSuprimir¡A mí también me recordó a Inuyasha! De hecho, incluso como que al leerlo sonaba una música oriental en mi cabeza... Podrías imitar el modelo de Carolina Lehman (het.) con Psique y hacer una banda sonora :P
ResponderSuprimirLa narración me parece muy depurada, muy sobria y descriptiva. Creo que esa llaneza de estilo le viene bien a la ambientación de la obra. Te comiste algunos acentos, pero la redacción es correcta y se consigue crear un escenario.
No sabía lo suficiente sobre Kitsune sino, precisamente, por la reelaboración del concepto llevado a cabo por algunos videojuegos (Shadow Run) y mangas/animés. Si consigues dotarle a tu Kitsune una personalidad propia sin perder la esencia original, me parecería notable.
Últimamente está muy en boga el hecho de recuperar las tradiciones ancestrales del país o Latinoamérica, pero considero que en realidad cada quien debiera ser libre de tomar la tradición que le interese para su propia obra. En realidad sí, es importante preservar el legado identitario y etcétera, pero creo que es más importante elaborar una historia con aquello con lo que uno se sienta más cómodo y convertirlo en una obra personal. Y creo que la tradición oriental de corte mítico es un terreno fertilísimo para asentar un proyecto. Si le sacas partido, puedes terminar con una obra notable. ¡Adelante! :3
Gracias por los comentarios, chicos/as. Sobre Kitsune, no me basé en ningún manga sino más bien en la mitología japonesa. Como bien saben, un Kitsune es un espiritu o elemental que habita en bosques u otros sectores naturales, y suele tomar la forma de un zorro común o una forma más antropomorfa. Es lo que en el folklor japonés se llama Yōkai. Evidentemente traté de adaptarlo según mis necesidades. No tiene un caracter protagonico en el libro, por lo menos por el momento, pero ha resultado ser un personaje de lo más interesante, por lo que eso aún no está totalmente decidido :)
ResponderSuprimirYo ya habia leido este capitulo en una version muy anterior, una lastima por la desaparicion de Hotaru -o Ilse- pero este Kitsune como dijiste parece un personajmuy interesante, me gusto como describiste su aparicion.
ResponderSuprimirTengo novedades.
Me cuesta decantarlo, no suelo leer muchas cosas japo actualmente (curiosamente).
ResponderSuprimirMe gusta el texto, muy evocativo y poético, me umo a la observación de la compañera Alejandra, el de la banda sonora, pero en el folklore y canto popular es díficil determinar el nombre de las canciones y los autores de las obras musicales.
Felicidades, seguiré leyendo Tinta de Dragón (asi se llama tu blog, el de la musica oriental?)
Fandemampato: Show me (las novedades)
ResponderSuprimirEmiliano: Es al revés. Dragón de Tinta xD
creo que si tu plan era evocar imágenes de un bosque oriental mágico y místico, lo has logrado.
ResponderSuprimirme gusto la forma en que la naturaleza actúa como si fuera un personaje mas al aparecer Kitsune.
saludos.
También me ha gustado a mí. La prueba es doble: se me ha hecho cortísimo y no me he quedado saciado.
ResponderSuprimirLo que le das un misterio y unas ganas enormes de saber más de los "elementales" es indudable. Y como dicen más arriba, hay un esfuerzo de contención, en ningún momento se te va la narración de las manos.
Hombre, yo, lo de "interactuar" no lo veo claro, me suena a palabra muy moderna. Podría ser "comunicar" o algo así.
Lo demás, bueno, a ver si podemos ver más cosas.
Saludos.