jueves, 3 de marzo de 2011

Cuento Corto: El Carcelero, por F. A. Real H.

Aquel era el día de su muerte.

Antes que los cuervos pudieran siquiera imaginar el festín que su cuerpo les proveería, Sir Ballakar el Viejo—Carcelero de la única prisión del Alcázar de Caballería y renombrado Caballero del Sol—supo con absoluta certeza que no vería el amanecer de un nuevo día. Así, dedujo que aquella noche no podría disfrutar de su acostumbrada copa de vino añejo junto al fuego del hogar, mientras solía rememorar aquellos tiempos de juventud—tiempos en los que la Gloria parecía haberse rendido a sus pies.


Su convicción no provenía, sin embargo, de la terrible visión que los numerosos Caballeros de la Luna presentaban mientras se acercaban presurosos hacia el pórtico de la cárcel donde él se mantenía, impasible. No era que la senilidad hubiese derrotado al fin al Viejo, sino que Sir Ballakar—avezado Caballero y combatiente de treinta y dos batallas ante los Servidores de la Luna—no sentía, por primera vez, el agudo dolor en el vientre que había precedido cada uno de sus enfrentamientos anteriores con los Enemigos de la Caballería Solar.

La razón para esta súbita paz interior le era desconocida, pero el experimentado Caballero podía elucubrar que algo tenía que ver con su posición actual. A sus años, Sir Ballakar se consideraba demasiado viejo para poder siquiera imaginarse una muerte como ésta. Luego de haber batallado gloriosamente por más de una decena de lustros, ahora sólo le aguardaba un camastro duro para soportar los últimos días antes que el Sol se apagase por última vez ante sus ojos. Y ahora, la súbita aparición de estos Caballeros Lunares le ofrecía una oportunidad única. Era como si su más profundo deseo—del que renegaba y jamás admitiría como suyo—se hubiese vuelto realidad en contra de toda probabilidad. El deseo de morir por una causa en la que había creído una Vida entera, pero que ya no lo necesitaba más.

A pesar de que no había tras él una damisela en peligro a quien defender ni un grupo de compañeros de armas a quienes acompañar hasta la muerte, la perspectiva de una muerte en batalla seguía siendo igual de gloriosa ante sus ojos. Esto, aunque a sus espaldas tan sólo estuviera un grupo de criminales de poca monta, principalmente ladrones, cuatreros, estafadores y carteristas, que habían sido condenados a una estadía en prisión para enmendar su rumbo. Sin importar lo anterior, había algo innombrablemente romántico en hacerse matar por una causa ya olvidada por todo esos otros soldaditos de plomo que ahora llenaban el Alcázar, con sus ya no tan inocentes figuras y para quienes el Honor valía menos que un mendrugo de pan añejo.

Pero el Viejo era distinto. Nacido y criado en una época en donde la Caballería era el máximo Honor al que un hombre podía aspirar, había respirado el aire dentro de estos mohosos muros por largas cinco décadas, desde que era un imberbe valet que apenas podía distinguir una rodela de un escudo propiamente tal, hasta convertirse en un Ícono de la Caballería Solar, que “honorablemente” había sido asignado a la cárcel del Alcázar, en un vano intento por tranquilizar sus protestas contra lo que él consideraba “la creciente lasitud” que había invadido las filas de la Caballería.

Así pues, se veía ahora Sir Ballakar en inmejorable oportunidad de dar uso, una vez más, a aquella espada que mantenía siempre bruñida y aquel escudo, lleno de mellas, con los que llegaba cada día al amanecer, puntual, a asumir su cargo como Carcelero de la prisión. Con un repentino movimiento, el Viejo dejó su silla y vociferó el nombre de Ayken, su Escudero, a quién dijo con voz trémula:

—Toma las llaves de las celdas y libera a todos los condenados. Y hazlo rápido, por amor al Sol… ¡Hazlo rápido! Sus vidas—y la tuya—están en juego.

—Y usted Sir Ballakar… —contestó el muchacho, a mitad de camino entre la sorpresa y la comprensión súbita de su situación— ¿qué hará?

—Hacer lo que debí haber hecho hace mucho tiempo, muchacho. Reunirme con mis Compañeros, aquellos que tuvieron un final Honorable mucho antes que yo. ¡Adiós y que la Fortuna vaya contigo!

Luego de esto el Viejo tomó sus armas, se calzó el yelmo plateado y se ajustó por última vez las correas de la coraza que le protegía el corazón desde hace tanto. Estaba listo para su propio encuentro con la Fortuna.

* * * * * *
Frente a Sir Ballakar, una docena de Caballeros Lunares comenzaban a rodearlo. Los caballos negros de éstos últimos, bardados y decorados con el emblema de la Luna—Gélach, el Reino de los Muertos—bufaban mientras seguían las órdenes de sus amos y se iban acercando lentamente al Viejo. En sus ojos, que brillaban anti-naturalmente a la luz de Grían, el Sol, podía verse el sufrimiento de su entrenamiento a manos de quienes ahora los montaban.

En medio de estos movimientos, el que parecía ser el líder de esta compañía de Caballeros ordenó el alto de sus tropas con un severo gesto de su brazo. Al instante, el resto de las tropas detuvo a sus caballos. El cabecilla—que al igual que el resto de su compañía vestía con armaduras completas de campaña, de un profundo color obsidiana—se acercó lentamente al único oponente que le hacía frente. Todos los Caballeros Lunares llevaban yelmos cerrados sobre sus cabezas, por lo que le era imposible a Sir Ballakar distinguir la expresión del hombre que ahora se le aproximaba.

Cuando estaba a sólo unos pasos de él, el adalid dejó escapar una risa, mientras se dirigía al Viejo:

—Toma tus armas y márchate, anciano. Tienes una oportunidad única de ser testigo de mi piedad.

—Es cierto que tengo una oportunidad única —sonrió el Viejo— pero no de escapar, muchacho. ¡Por Assa, Señora de lo Rutilante y Regente de Grían, el Sol, te desafío Criatura Oscura!

Las carcajadas de respuesta resonaron entre los Caballeros Lunares. Antes de que sus subordinados pudieran seguir regocijándose con lo dicho por el anciano, el Paladín Lunar que era su líder desmontó presuroso de su corcel. Dejando tras de sí la lanza y la capa, tomó un largo mandoble de varios pies más largo que la espada del Viejo y se aprestó al duelo.

—Que nadie intervenga, sin importar el desarrollo del combate —afirmó el líder, con un tono de grave seriedad que sorprendió a todos sus seguidores.

Así, ambos Caballeros se acercaron para enfrentar sus aceros.

* * * * * *
Luego de la reverencia ceremonial correspondiente, el Viejo decidió tomar la iniciativa. Con rápidos y certeros golpes cubrió la docena de pies que lo separaba de su Enemigo, sorprendiéndolo por su celeridad. El Caballero Lunar se halló en incómoda situación, con la espalda casi contra sus subordinados más cercanos, intentado buscar un punto débil en el ataque del Viejo que pudiera usar para el inminente contraataque.

Los golpes de Viejo, a pesar de su destreza, comenzaban a fallar a causa del cansancio. Uno por uno, el Adalid pudo ver las aberturas en el ataque de Sir Ballakar y, con una sonrisa que sólo él pudo notar, finalmente lanzó un corte en amplio arco, con la intención de acabar con el anciano molesto de un solo tajo. Con uno de esos reflejos de combate que sólo la experiencia da, el veterano Caballero logró esquivar el intentó de su oponente, aunque las consecuencias no fueron del todo evitables. Gran parte del golpe del Caballero Lunar lo recibió el escudo de Sir Ballakar, haciéndose añicos en el instante. Además, su brazo quedo bastante adolorido por la fuerza del impacto.

—Ríndete abuelo. No eres rival para mí.

Con el hábito de la batalla en su cuerpo y mente, el Viejo logró recomponerse. Pasó su espada a ambos manos, iniciando una tomada que sacrificaría gran parte de su defensa por una seria mejora en su capacidad de ataque. Con renovadas energías, Sir Ballakar retomó el ataque. Esta vez, sus golpes eran amplios cortes que, poco a poco, iban haciendo mella en la defensa de su adversario. En un momento, un tajo de arriba a abajo abolló la armadura que cubría al Caballero Lunar, justo donde se encontraba su corazón. Con un salto hacia atrás, el ya no sonriente líder intentó alejarse de aquel vicioso torbellino de ataques que amenazaba con acabar con su existencia.

El que sonreía ahora era el Viejo. Mientras profusas gotas de sudor mezcladas con algo de sangre perlaban su cara y cuello, el veterano Caballero intentaba recuperar el aliento. Dentro de sí, sentía que era posible triunfar, una vez más. Quizás morir no sería necesario, después de todo, para reverdecer sus laureles, que hace tanto estaban marchitos. Con el segundo aliento que estos pensamientos le otorgaban, decidió acabar con el mozalbete que se había atrevido a faltarle el respeto.

—Llegó tu hora, jovencito.

Pero el capitán de los Lunares no estaba dispuesto a verse humillado y derrotado por su Enemigo jurado, más aún si éste era una anticuada reliquia de la Caballería Solar. Decidió que pelearía como si la Vida se le fuera en ello antes que permitir que su adversario lo hiciera ver tan mal de nuevo. Con la ira que la deshonra propinada le daba, asió su mandoble con renovadas fuerzas y decidió atacar con todo a su oponente.
Cuando volvieron a encontrarse en el campo de batalla, el Paladín y Sir Ballakar estaban decididos a terminar con las frases de burla y el juego. Al cruzarse los aceros, ambos estaban decididos a acabar con la Vida del otro y los golpes que se sucedieron eran fieles muestras de lo anterior. Por cada año de experiencia del Viejo, la juventud del Adalid se contraponía. Por cada maniobra de esgrima que Sir Ballakar usaba, el Caballero Lunar conocía su contra. Así, corte a corte y golpe a golpe, los enemigos agotaban sus recursos en una interminable danza de muerte, en la que ninguno de los dos participantes parecía poder obtener una ventaja que le permitiese terminarla.

Fue entonces cuando el Viejo lo entendió.

Jamás podría derrotar a este joven guerrero por la fuerza de las armas. Pero podía dejarle un legado más poderoso y trascendente que cualquier herida. Determinado, se lanzó con renovado ímpetu a enfrentársele. Con un rápido muñequeo, logró trabar la espada de su oponente y acercársele lo suficiente para susurrarle algo.

El Caballero Lunar lo miraba desde bajo la visera con sorprendido recogimiento.

En medio de su movimiento de acercamiento, el Viejo se había empalado en la espada de su enemigo, privándole del golpe final y definitorio del duelo. Mientras el Paladín extraía su acero de las entrañas del veterano, no pudo evitar observar como una sonrisa se posaba como rictus final de su adversario.

* * * * * *
Tiempo después, el antiguo Caballero Lunar—que tan sólo era un joven capitán en la época de aquel duelo—se enfrentaba a un grupo de nuevos reclutas y valets, todos aspirantes a escuderos de la Caballería.

—La primera y más importante lección acerca de la Caballería que recibí, me la dio el primer Caballero al que derroté en combate singular —la voz del antaño Paladín estaba a punto de quebrarse con el recuerdo de aquel duelo—. Justo antes de morir, mi oponente me dijo: “Mi Honor y mis laureles son ahora tu responsabilidad. Cárgalos con honestidad y siempre recuerda que te entregué mi Vida y mi memoria a tu cuidado.”

El antiguo líder de los Lunares había abandonado la armadura negra para volver a la luz de Assa y de Grían, el Sol, que aquel Viejo le mostró por primera vez con su muerte.

15 comments:

  1. Este cuento es superior -muy superior-, a La Búsqueda de Gélach. Todo en él remite a un escritor más maduro, centrado y, en definitiva, dedicado a su tarea.

    Considera la opción de reemplazarlo. Es tu primer cuento premiado. Me parece que amerita estar en nuestro modesto compendio de habilidades.

    Felicidades!

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  2. Me sorprendió tu comentario. Al menos a mi parecer, La Búsqueda es un texto que sin ser el mejor que he escrito ni nada por el estilo, tiene su valor. El Carcelero fue pensado para un concurso que permitía un limitado espacio y una temática pre-determinada.

    No sé en realidad que contestarte. (Re)leeré ambos textos y veré que hacer.

    Saludos cordiales y gracias por las felicitaciones,

    F.

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  3. Lo que pasa es que La Búsqueda parecía más novela que cuento. Lo mismo me sucedió a mi y por lo mismo no lo envié. Por lo demás, concuerdo con Emilio, si hablamos de cuentos, éste es mucho más potente, la raja weon. Reiteradas felicitaciones, tendré que ponerme las pilas si no quiero quedarme MUY atrás (estoy consciente de que ando atrás, independiente de si la causa sea la inexperiencia y/o dedicación).

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  4. Gran relato!
    buen ritmo y el desenlace no defrauda, el viejo héroe a muerto, pero ha dejado un sucesor XD.
    Lo único que me molesta (pero es un tema personal)es que los malos tengan como emblema la luna, yo siempre he visto a la luna como una vigilante de la luz del día en la oscuridad de la noche XD
    Reitero: ¡felicitaciones!

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  5. Felipe, este es un muy buen cuento, mejorable en varios aspectos, pero que refleja un trabajo serio y dedicado. Te felicito por eso!

    No obstante lo anterior, quiero señalar algo que no me gustó: algunos diálogos. Me sonaron muy cliché, artificiales y poco "vivos". Por ejemplo el: "Llegó tu hora, jovencito" o "Rindete, abuelo. No eres rival para mi", le quitan mucha carga dramática al relato. En mi opinión, podrías prescindir de ellos y solo recurrir a las acciones de los personajes.

    Espero no te molesten mis impresiones.

    Saludos!

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  6. El desenlace me ha encantado. No me lo esperaba.

    Y coincido en lo de las frases artificiales, creo que cortan un poco la trama, y suenan hasta como un poco infantiles. Pero déjalo así si te gusta.

    Saludos.

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  7. Gracias por las críticas y comentarios. Acerca de las frases, para serles honestos, no se me ocurrió nada mejor en el momento de la escritura. Creo que podría mejorarse, pero no es mi objetivo—al menos por ahora.

    Saludos cordiales,

    F.

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  8. Tengo una crítica con respecto al uso mixto de los guiones, algunos bien utilizados y otros no. Me llamó la atención desde el primer párrafo. Y se nota especialmente en los diálogos. El cuento se lee de una patada, pero destaco este detalle importante y recomiendo un brevísimo manual en Axxon que resuelve todas las dudas al respecto: http://goo.gl/oJanR

    La otra crítica es acerca de Ayken. Pobre tipo, me lo presentas y luego es como si no existiera. Podrías presentarlo en el segundo párrafo y luego que esté presente de alguna manera durante la pelea. Es un personaje comodín y presenta un apoyo claro ahí donde lo incluyes, pero hasta ahí nomás llega. También podrías borrarlo, pero luego tendrías que explicar por qué el viejo está tan solo.

    Lo que diré a continuación no es una crítica en realidad, sino una proposición.

    Es un cuento bello, bien escrito, tiene ritmo, mucho adjetivo para mi gusto, pero pasa la prueba del canto... y lamentablemente es predecible. ¡Porque dices el final al principio! No hay sorpresa.

    Podríamos discutir cuál es el final verdadero, el del viejo que muere o el del caballero que aprende una lección. Si lo ordeno en líneas argumentales, la historia del viejo que no teme, que lucha y que perece, es una y es la historia completa, contada desde el punto de vista del viejo mismo. Lo que ocurre después incluye un cambio en la perspectiva, es otra historia, contada desde los ojos del caballero oscuro. Es distinta a todo lo que se leyó antes, incluso si es la continuación.

    Entonces mi proposición, para dar unidad al relato, es contar la misma historia, pero desde la perspectiva del caballero negro que viene a la pelea sobre su corcel, orgulloso y pendenciero en su armadura lunar. En la puerta le espera un viejo decrépito que le sorprende por su rapidez inicial durante el duelo, pero que acaba perdiendo movilidad y es derrotado... y muere con una sonrisa en sus labios, luego de ensartarse en la espada de su enemigo y decir esas palabras que calaron muy hondo en el caballero.

    Lo estoy imaginando y sería muy efectivo. Aunque el porqué de la efectividad del discurso final del viejo se me escapa. Tal vez porque soy una alimaña sin honor.

    Espero que esto sea un aporte.

    Saludos

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  9. @Guajars: Creo que puntualizas los lugares más bajos del relato, Daniel. A pesar de que estoy de acuerdo cuando mucho de lo que dices, tengo mis descargos, que son los siguientes:

    1. El uso de lo guiones como incisos en un legado del Inglés —y un mal hábito en Español— que estoy intentando corregir.

    2. Ayken es un personaje que tiene el desarrollo debido (creo). Su rol es cumplir las últimas órdenes de Sir Ballakar, puesto que éstas conciernen su seguridad también. Creo que queda (más o menos) claro que él escapa al final del cuento, junto con el resto de los presos de la cárcel.

    3. La intención de la frase original es imponer el ambiente de resignación del Viejo. No adelanta el final (creo), porque el verdadero final es el paso del legado de Honor de un Caballero a otro. En este sentido, es importante recordar que, aunque son Enemigos, Sir Ballakar y el Capitán de los Lunares comparten un cierto Código de Caballería.

    4. Acerca de tu proposición de relato... ¡Me parece genial! Sin embargo, ese es otro relato —que gustosamente escribiría— pero que en verdad no es el que relata los sentimientos de un Viejo Caballero antes de morir —que es el motivo de escritura de este relato al menos.

    Finalmente, sólo me queda agradecerte por darte el tiempo de criticar este relato con tanto detalle.

    Saludos cordiales,

    F.

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  10. Lo encontré inocente. No aporta nada saber que ese era el día de su muerte. Podría partir de la pelea, de cuando libera a los reos, y no habría diferencia. La historia comienza desde: "A pesar de que no había tras él una damisela en peligro...". Toda la primera parte me sobra. Es la historia del caballero de la luna y su transformación, no del viejo. O eso pienso, eso noto.

    También encuentro un exceso de adjetivos, aunque tienes un ritmo bastante agradable. Sólo esas frases armadas me arruinaron la lectura. Un relato bien narrado, aunque la historia no sea trascendental ni el final inesperado, resulta agradable. Pero están esas frases.

    Inocente, pero bien narrado. Al menos, lo que yo opino.

    Saludos.

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  11. Creo que una cosa es trama y otra muy distinta es ambiente. Para mí este relato nace de la primera oración, que impone un ambiente distinto al de una historia clásica del género. En este caso, el bueno no gana —al menos no en el sentido de triunfar y derrotar a su enemigo literalmente— sino que su triunfo es más sutil, pero a la vez más verdadero.

    En una comparación con otro género, es como si le quitaras los primeros 30 minutos a Gran Torino porque simplemente no avanza en la trama y se dedica a presentarnos el personaje que protagonizará la historia. Sin esa necesaria introducción, la historia no es nada. Es mera acción, y nada más.

    Acerca del exceso de adjetivos, así es como escribo y no me voy a excusar por ello. Tal como discutimos en el ensayo "De la Literatura Fantástica" tenemos perspectivas diferentes acerca de cómo escribir porque provenimos de mundos distintos narrativamente hablando —tú me pareces alguien más bien "post-moderno", mientras yo soy un "viejo tradicionalista" en cuanto a Fantasía se trata— por lo que será muy difícil que algo que yo escriba te agrade a ti —y viceversa.

    Como explique antes, el relato se enmarcaba en un concurso para narrar la muerte de un personaje. El relato cumple con esas expectativas y fue premiado por lo mismo. Acerca de las frases "armadas", está demás decir que es un aspecto que ha sido criticado justamente por otras personas y al que siento que ya he respondido exhaustivamente.

    Finalmente, agradezco que aclares que tus comentarios reflejan tu opinión y no un juicio crítico ya que, como dije anteriormente, es obvio que no hablamos en le mismo lenguaje —al menos en cuanto a Fantasía se trata.

    Saludos cordiales,

    F.

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  12. En la CF que es mi cuna, por lo menos la buena CF que me gusta leer, estos dos elementos (trama y ambiente) tienen que estar fundidos a la fuerza. El ambiente afecta a la trama, y la trama (de la mano del autor) utiliza el ambiente como si se tratara de un personaje más.

    Pero asumo que F.A. Real se refiere a la "ambientación" más que al decorado. En ese contexto, la oración que anuncia la muerte del protagonista crea esa sensación tensa. Y dentro de las exigencias del concurso apara el que se escribió se pedía exactamente eso. No puedo hacer un túnel cuando me piden un puente, las reglas del juego y etc.

    Y estaba inscrito en el foro de Fantasía Épica, pero no entraba desde hace... años! Ahora la retomo. Apuesto que en el próximo concurso NO gano, mi estilo es el menos épico de la gama.

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  13. @Guajars: Me refería a mood/ambient, que me decidí a traducir como ambiente, aunque creo que tienes razón que mi conceptualización quizás se refiere más bien a "ambientación". En este sentido, siempre intento que mis oraciones introductorias "pongan en ambiente" al lector acerca de la historia que viene. Es un elemento que me quedó grabado a fuego de mi curso de Escritura Creativa.

    Acerca de lo de los concursos de FE, estoy seguro que tienes muchas posibilidades. Aquí entre nos, el nivel del concurso pasado no era muy bueno —diría más bien amateur— y estoy seguro que alguien como tú puede producir algo que sea más que interesante para este público, que además es bastante abierto a nuevas lecturas.

    Saludos cordiales,

    F.

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  14. Creo que iré al foro ese.

    Algo que se me pasó por alto comentar. El mundo del relato ¿Lo tienes desarrollado? Me agradó que no dieras una charla de reinos y ordenes, que dejaras que se adivinaran en cierta medida, algo asumido por el narrador y los personajes. Y se ve interesante el universo que se alcanza a vislumbrar: cárceles, ordenes, una mitología, cosmovisiones, etc. Me intriga.

    En fin, saludos.

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  15. Me atrevería a decir que el 99% de las cosas que escribo terminan siendo "arrastradas" a Mi Mundo —que es Forbrissi o "Las Tierras Destrozadas". Este relato partió siendo una simple narrativa inspirada por un PNJ de una partida de rol, pero a medida que lo iba escribiendo, el Imaginario de LTD empezó a absorberlo y a agregar detalles aquí y allí.

    Créeme que sino dí una "charla" de reinos y órdenes, fue simplemente porque el espacio no me lo permitía. Soy partidario de discursear acerca de nuestros Mundos Propios a diestra y siniestra.

    Saludos cordiales,

    F.

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