El steampunk es un nutrido programa contra-cultural, cuya expresión abarca de manera transversal todas las artes, desde la literatura a la artesanía, pasando por la música, el cine y la alta costura.
Los orígenes de esta sub-cultura se remontan a la tradición del conte philosophique, forma literaria emparentada de cerca con las visiones soñadas y los viajes imaginarios de la literatura medieval europea, mediante la cual se pretendía explorar los grandes misterios de la ciencia contingente valiéndose de recursos literarios para justificar eventos inviables. Imagina una suerte de Divina Comedia con implicaciones cósmicas, toma el Cielo o el Infierno y remplazarlos por una estrella o un lugar lejano y tendrás un panorama aproximado de la idea.
Esta manera de hacer ficción “científica” fue cultivada por sendos personajes de la historia de la ciencia, tales como Francis Bacon —quien refinó y popularizó el método científico—, o Johannes Kepler, quienes echaban mano a los recursos de la imaginación para llenar el vacío que hoy es posible llenar gracias a la técnica y los milagros de la ingeniería. En aquel tiempo, por supuesto, las audiencias (aún a medio camino entre la forma embrionaria de la ciencia positivista y las viejas creencias mágicas del pasado) no eran tan exigentes como quizá lo sean hoy, por lo que durante cierta cantidad de años, los cuentos filosóficos gozaron de una buena reputación entre los aficionados a este tipo de materias.
Así fue, al menos, hasta principios y mediados del siglo XIX.
El Giro de Tuerca
Con la llegada de la Revolución Industrial no sólo se sentaron las semillas del positivismo científico, sino que, aunque en la misma línea, se terminó el largo proceso de decantación mediante el cual lo que hoy llamamos "ciencia" logró separarse de disciplinas de raigambre arcano y misterioso. Este remezón en los cimientos de la ciencia moderna significó un cambio de actitud frente a todas las viejas creencias que, en ese entonces , convivían con procedimientos más empíricos, en desmedro de prácticas arcanas como la magia, la alquimia y los métodos adivinatorios.
Pese a que una parte importante de la población continuó aferrada a las creencias esotéricas, lo cierto es que el cambio en la forma de pensar afectó, al menos, la percepción del cuento filosófico. Así como estaban las cosas, era imposible quedar satisfecho con una narración que, teniendo pretensiones científicas, intentara justificarse mediante recursos imaginativos, más propios de la poesía que de la ciencia. El público empezó a pedir obras que, siendo capaces de cubrir el abanico temático de los contes, fueran capaces de presentar planteamientos verosímiles. En ese momento se sentaron las bases de la ciencia-ficción contemporánea.
El primer autor que fue capaz de satisfacer los nuevos requerimientos de la audiencia fue el norteamericano Edgar Allan Poe. Su cuento The Balloon Hoax (originalmente una falsificación pensada como artículo periodístico), logró el equilibrio perfecto entre ficción y realidad. Valiéndose de una cuidadosa consideración de los detalles, Poe convenció momentáneamente a sus lectores de la viabilidad de los viajes transatlánticos en globo, que eran entonces imposibles. Al mismo tiempo, logró actualizar y reinventar el cuento filosófico; o, al menos, sentar las bases para su correcta evolución.
Aunque el paso definitivo vendría desde Francia.
Los Padres Fundadores
Poco después de la publicación de The Balloon Hoax, un joven Julio Verne escribió que el secreto del éxito de una carrera literaria como la de Poe se debía a la preocupación que éste mostraba por la justificación de sus ideas. Dicho de otro modo, Verne admiró profundamente a Poe por lograr convencer al público (mediante una exposición detallista de los hechos) de que lo narrado en su historia era real. Fue aquella devoción por la figura del norteamericano la que inspiró el sello de la narración verneana, con sus máquinas imposibles pero inmensamente probables, sus inventores desquiciados y el heroísmo de sus personajes principales.
Al mismo tiempo, del otro lado del Canal de la Mancha, en Inglaterra, H. G. Wells patentaba una manera distinta de hacer ciencia-ficción. Mientras que Verne seguía los pasos de su maestro y concebía alocados mecanismos que por alguna extraña razón se leían inquietantemente plausibles, el autor de El Hombre Invisible prefería suspender la incredulidad de sus lectores mediante el arte narrativo y no por medio de parafernalias técnicas. Wells, decía Verne, era un escritor puramente imaginativo, más centrado en el trasfondo político y sociológico de la Revolución que en la ciencia engendrada a partir de ella, lo que queda demostrado en su rápido desinterés por cultivar este tipo de historias más allá de sus intentos más famosos.
Así y todo, Wells logró un sitial de honor en la historia de la ciencia-ficción y, por cierto, en el desarrollo del steampunk como una propuesta programática. Del mismo modo que las máquinas estrambóticas de Verne sentaron un precedente visual en la concepción de las posibilidades tecnológicas de la época, la preocupación de Wells por los males de la sociedad industrial fue el germen del espíritu punk del movimiento: casi podría decirse que Verne creó al androide y Wells le puso el corazón.
Pero el steampunk es más que un modo literario. Es una manera de mirar la vida y de plantearse frente a la dinámica del progreso de nuestra sociedad, de entender y actualizar el pasado por medio de una acción comprometida. Es una curiosa forma de hacer arte, una filosofía y un modo de vida. Quizás, a la luz de nuestros tiempos, sólo sea otra forma más de escapismo estético, demasiado romántica para servir de algo. Como quiera que sea, es una forma de entender y actuar en el mundo en que vivimos. Y eso ya es más que suficiente.
Bibliografía
VanderMeer, Jeff, and S. J. Chambers. The Steampunk Bible: An Illustrated Guide to the World of Imaginary Airships, Corsets and Goggles, Mad Scientists, and Strange Literature. New York: Abrams Image, 2011.
Gracias Emilio por la editorial. Es bueno explorar así de atrás en la historia de la especulación científica, y también hacer notar las piezas que componen la base del Steampunk: la maravilla tecnológica que es exaltada por Verne y la introspección social que explora Wells.
ResponderSuprimirComo dato extra quisiera agregar que antes de "The Ballon Hoax", fue publicado "La incomparable aventura de Hans Pfaall", donde Poe desarrolla la idea del viaje a la luna mediante un globo.
Hay toda una polémica sobre cierto plagio que habría sufrido el poeta, ya que un tiempo después salió otro "artículo falso" titulado "The Moon Hoax", de autor indeterminado, el cual termina motivando a Poe a publicar su "Fraude del Globo" (que generó bastantes ingresos al periódico The Sun, y como siempre, ninguno al pobre Edgar).
Gracias por la editorial. No tenía ni idea sobre los cimientos ni el alcance del steampunk como algo más allá que un subgénero de la Ciencia-Ficción. Mucho menos que Poe era una referencia tan ejemplar en el trabajo de Verne.
ResponderSuprimirPara preparar el cuento de la antología leí "La Máquina del Tiempo" de Wells y pienso tomar Oliver Twist más tarde, para afinar detalles en las descripciones de la ciudad. Eso sí, no he leído a Verne y difícilmente tendré tiempo para él ahora que entré a clases.
Una entrada interesantísima sobre los orígenes de la ciencia ficción y el steampunk. Cabe destacar que los cuentos de Edgar Allan Poe que exploraron la vertiente más científica de su pluma, son excelentes, aunque muy técnicos, tan así que pueden llegar a abrumar a un lector menos paciente. Por ejemplo, "La incomparable aventura de Hans Pfaall" (1835), que bien menciona Fraterno, es un texto que se anticipa al memorable "De la tierra a la luna" de Verne (1865), aunque en este caso, el medio de transporte es un globo aerostático. Este cuento en particular está plagado de conceptos técnicos relacionados con el vuelo en globo, donde Poe se da el lujo de contar con lujo de detalle todo lo que el protagonista del cuento debe hacer para lograr su cometido. Aún así, es un relato muy recomendable y que tiene bastante de lo que hoy se conoce como steampunk.
ResponderSuprimirDriftale, espero que esta vez SI mandes tu cuento y no salgas con excusas al final xD
Saludos.
Como siempre, Emilio nos deja un artículo de excelencia, valiosísimo para adentrarse en el género que será nuestro eje este periodo de Fantasía Austral. Por motivos lógicos, del steampunk sé lo básico en cuanto a características temáticas y estilísticas, así como las motivaciones socioculturales, pero los datos aquí expuestos me dan mucha más profundidad para entender los orígenes del género y me despiertan curiosidad por conocer más. Me encantaría ver una seguidilla de pequeños artículos a la manera de éste, breves y amenos, que ahonden en otros aspectos.
ResponderSuprimirUna pena que el trabajo me esté mutilando las horas libres para ponerme al día con estas lecturas, pero al menos encontré el cuento citado de Poe en mis Narraciones Completas (que aún no termino de leer), así que empezaré por ahí cuanto antes.
Saludos.
Interesante entrada.
ResponderSuprimirInteresantemente informativo e informativamente interesante xD
ResponderSuprimirFrancis Drake:
ResponderSuprimirOcurrió un error al responder el comentario que eliminaste, puesto que lo publicaste en respuesta al mismo después de haberlo suprimido. En todo caso, aquí va la respuesta del autor a tus reparos:
Cordialmente,
El Editor.
P.S. Por favor, adjunta nuevamente las referencias a los artículos que mencionaste. Gracias.
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Hola, muchas gracias por tus comentarios sobre el artículo. Es genial que se den estos intercambios :)
Sobre tus reparos, dos cosas. Primero que todo, mil gracias por las referencias. Voy a leerlas, que no quepan dudas.
La segunda es que el artículo está escrito desde la perspectiva del libro que cito como referencia bibliográfica. Así, lo que escribo es una suerte de parafraseo del capítulo introductor del mismo y no una interpretación personal sobre el estado "epistemológico" del Steampunk. Si te das cuenta, mi foco de interés es literario y no sociológico, ya que no cuento con las herramientas teóricas para dedicarme con responsabilidad a un análisis de esa naturaleza.
Creo que el uso del adjetivo de la discordia (contra-cultural) quería recalcar más el carácter subversivo del steampunk. En otras palabras, usé contra-cultural en un sentido amplio y no necesariamente orientado a dilucidar la naturaleza del SP como movimiento.
En cualquier caso, sin restar validez a la legitimidad de preguntarse si es o no es un movimiento, en las ciencias sociales suele haber estados limítrofes como estos, en los que no existe consenso sobre si las cosas son o no son. Ahí es cuando alguien debe asumir el desafío de optar por una opción. En este caso, recalco,lo que hice fue sumarme a la postura de Vandermeer y Chambers, que al parecer cuenta con el respaldo de los próceres del movimiento.
Saludos, y espero que participes en FA durante este mes dedicado al Steampunk. Consulta las bases del concurso que estamos patrocinando, a ver si te animas con un cuento.
EAB
http://steampunkyretrofuturismos.blogspot.com/2012/03/impresiones-del-steampunk-como.html#more
ResponderSuprimirhttp://steampunkyretrofuturismos.blogspot.com/2012/03/impresiones-del-steampunk-como.html#more
Y si, he leido los otros articulos, los he leído desde el grupo de st chile, que nos dejan amablemente algunos usuarios y escritores. Anteriormente habia querido postear algunas cosas y me arrojaba un 503, pero ahora si pude realizar comentarios.
Por una parte, entiendo la referencia y el enfoque que tiene, mi reparo solo va en el principio y lo que lleva a lo otro, porque lo veia en cierta forma contradictorio en cierto parámetro. Y por otro lado, tanto el movimiento como la literatura tienen esa caracterista "subversiva" como mencionas.
Buenísima entrada.
ResponderSuprimirAquello del equilibrio entre la fantasía y la realidad me es complicado. Hay una línea muy delgada entre modificar los acontecimientos históricos y ser negligente en la investigación previa a la escritura, lo que se ve como ignorancia de los hechos históricos.
Saludos!